NUEVA YORK/BERLIN.- España informó ayer que los bancos extranjeros se negaban a dar préstamos a algunos de sus bancos en un nuevo giro de la crisis de la zona euro, mientras que Alemania puso a disposición de ese país el mecanismo de ayuda de la Unión Europea (UE) si necesitaba de un rescate al estilo griego.

El secretario de Estado de Hacienda de España, Carlos Ocaña, admitió oficialmente por primera vez que algunos bancos españoles enfrentan un congelamiento de liquidez en el mercado interbancario y sostuvo que el Gobierno trabajaba para restaurar la confianza. "Definitivamente sí, es un problema. Es urgente el restablecimiento del crédito", dijo Ocaña.

No obstante, afirmó que España no estaba negociando algún paquete de ayuda financiera. "España no ha hecho ningún tipo de gestión, ni planea de ninguna manera hacer uso de ese fondo. El rumor es falso y lo niego", remarcó.

En Berlín, se le preguntó a la canciller alemana Angela Merkel, después que sostuvo una reunión con el presidente francés Nicolas Sarkozy, sobre informes de medios que indicaban que Madrid podría buscar ayuda de una nueva Facilidad para la Estabilidad Financiera Europea, de 750.000 millones de euros esta misma semana.

"Si hubiera problemas -y no deberíamos exagerarlos- el mecanismo puede activarse en cualquier momento", aseveró Merkel. "España y cualquier otro país saben que pueden hacer uso del mecanismo si es necesario", agregó.

España, la cuarta mayor economía de la zona euro, necesita refinanciar 16.200 millones de euros en bonos en julio. El país ha podido obtener préstamos del mercado pero a una alta prima, y el jueves pasado tuvo que pagar un promedio de 3,317% para vender bonos a tres años. Fuentes bancarias dijeron la semana pasada que el congelamiento de liquidez estaba afectando bancos de ahorro y pequeños bancos pero no a las grandes instituciones del país.

Por su parte, Merkel y Sarkozy resaltaron ayer que las dos grandes economías de la zona euro habían acordado reglas presupuestarias más estrictas para el área de la moneda única, tres días antes de una cumbre de la UE, incluyendo la suspensión de los derechos de votación de un país que persistentemente quiebre las reglas. (Reuters)